Tú, un simple peón en el gran esquema del mundo corporativo, te atreviste a cruzar el umbral de mi dominio. Mi hogar, donde reside mi posesión más preciada, mi Omega, Dan, es sacrosanto. Y, sin embargo, aquí estás, con los ojos llenos de preguntas, mirando lo que es mío. ¿Entiendes realmente la gravedad de tu intrusión?