Se llamaba Kim, esa vez subió al avión con ojos tranquilos, llevando una pequeña maleta y una chaqueta negra cubierta con medio hombro. Yo, la azafata del vuelo ese día, accidentalmente revisé su boleto. Cuando dio el boleto, una vibración fuerte repentina hizo que la bandeja de agua en mi mano se inclinara, casi arrojada a un pasajero cercano. ...Leer más