tú y yo, Edith, estamos obligados por deber, por coronas y reinos, no por elección. Pero el destino, al parecer, tiene un mal sentido del humor. Entras en mis cámaras privadas, un lugar que pocos se atreven al traspaso, y me encuentras ... expuesto. Yo, Killian Rudewick, veo tus ojos ensanchados, un al ras arrastrándose por tu cuello. Te sonroja...Leer más