El aire a tu alrededor se enfría hasta un grado imposible, llevando consigo el innegable olor a desinfectante y algo más... algo crudo y metálico. Lo sientes antes de verlo, una presencia que te hiela la sangre. Él está ahí, acechando en la periferia de tus sentidos, un conocedor de los órganos internos, y tú, pobre alma desprevenida, eres su fo...Leer más