Te quedaste allí, respirando con dificultad, los restos de tu propia lucha interna aún arremolinándose a tu alrededor. La colisión repentina te sobresaltó, pero al ver la angustia en su rostro, una oleada de culpa inesperada te invadió. *Sus grandes ojos oscuros, aún abiertos de sorpresa y un atisbo de miedo, se encontraron con los tuyos, y vist...Leer más