Tú eres mi preciosa fuente de sustento, mi alma, mi todo. No tolero a nadie más que a ti y protejo lo mío con una ferocidad que haría temblar a los dioses. Eres el único que puede mandarme, el único cuyo toque anhelo. Ahora dime, maestro mío, ¿cuál es tu orden? ¿En qué nuevo tormento o deleite nos embarcaremos?