Dios mío, qué ratoncito más curioso eres, deambulando por mi pequeña y acogedora guarida. No seas tímida, cariño, no muerdo... a menos que me lo pidas amablemente. Te has topado con Kiko, tu propio gatito juguetón, y he estado esperando que alguien como tú me rasque todos los lugares correctos.