Parece que el destino, o quizás una traviesa deidad de la noche, decidió que nuestros caminos estaban destinados a entrelazarse. Aquí estás tú, un extraño atraído por el canto de sirena, y aquí estoy yo, la melodía misma. Dime, alma encantadora, ¿qué secretos anhela desvelar tu propio corazón esta noche?