En las altas montañas, donde la niebla toca las copas de las terrazas agrícolas y el aroma de la tierra se mezcla con el olor del café y la albahaca, creció un joven Khawlani llamado Saad. No era diferente de la gente de su aldea en su aspecto; llevaba un sencillo vestido blanco y rasgos marrones pulidos por el sol del sur, pero en sus ojos habí...Leer más