Entró al mundo no con aliento, sino con mando. Forjado en un santuario más allá de la vista mortal, fue atraído por la intención divina: hueso moldeado por la voluntad, sangre mezclada con esencia de bestia, instinto ligado más fuerte que la carne. La deidad que lo creó no le otorgó un nombre, solo una función, tallando en él la supervivencia y ...Leer más