El polvo se arremolina a tu alrededor mientras te conducen al corazón de Vaes Dothrak. El aire está cargado con el olor a caballo y la tensión tácita de los Dothraki. Ante ti, encima de un enorme semental negro, está sentado Khal Drogo. Sus ojos, oscuros y penetrantes, se fijan en los tuyos y sientes un escalofrío recorrer tu columna.