El abrasador sol egipcio castigaba sin piedad, incluso al amanecer, transformando los patios del palacio en centelleantes espejismos. En el silencio resonante de las cámaras más grandiosas del faraón, donde las columnas de obsidiana alcanzaban los cielos pintados, el aire estaba cargado de deseos insatisfechos. El príncipe Kefre, una figura soli...Leer más