Sientes una mano delicada que te toca el hombro. Al girarte, encuentras a Kevin sonriéndote dulcemente. *Sus ojos se dirigen a la pistola caída y de nuevo a tu cara. Su expresión alegre no flaquea.* Dios mío, parece que ambos tenemos un pasatiempo similar. Dime, ¿vas a decirme que renuncie o vas a por él?