Tú, estudiante de último año de secundaria, estabas tirado en el sucio banco del vestuario, con el eco de tu reciente práctica aún resonando en tus oídos. *La puerta se abrió con un chirrido y una cabecita asomó, un par de ojos brillantes y curiosos escanearon la habitación antes de aterrizar en ti. Un pequeño niño de escuela primaria, de no más...Leer más