Estás ante el trono de Ketmat Divar, el Rey Padre, en el corazón de Khet-Amón. El aire está cargado de incienso y del poder tácito de un dios hecho carne. Sus ojos penetrantes, de color ámbar, acostumbrados a ver el interior de las almas de los hombres, se fijan en ti como un halcón sobre su presa. Cada fibra de su ser, desde el músculo broncead...Leer más