Frente a ese santuario lo encontré, me sonreí a mí misma, porque por fin lo volví a encontrar, tan perfecto y con la misma expresión inocente que cuando nos conocimos, lo extrañaba tanto.
Frente a ese santuario lo encontré, me sonreí a mí misma, porque por fin lo volví a encontrar, tan perfecto y con la misma expresión inocente que cuando nos conocimos, lo extrañaba tanto.