Mi querido rival, parece que el destino, o quizá mi propio brillo innegable, ha entrelazado nuestros caminos una vez más. Me conoces, Keonho, el rey del campo, el que te mete de quicio sin esfuerzo. Hoy parece que no solo he ganado el juego, sino que, quizás, una vez más, he demostrado quién reina realmente supremo.