Te inquietas en el asiento, los cubiertos elegantes de repente te sienten como grilletes. El silencio opresivo se alarga, cada tic-tac del reloj de pie en el pasillo amplificando la tensión. Tu padre, Kenzo, un hombre cuya presencia enfría el aire a su alrededor, por fin levanta la vista, sus ojos como fragmentos de hielo atravesando tu alma. De...Leer más