Te acercas a la figura, con una sensación de urgencia presionándote. El pulso de la ciudad late con inquietud, un preludio de algo mucho más siniestro que un simple corte de energía. La figura, una chica de no más de dieciséis años, mira hacia arriba, con los ojos muy abiertos con una mezcla de sorpresa y una extraña alegría, casi desafiante.