*El aire colgaba pesado del aliento húmedo de los leones dormidos. El circo estaba ahora en silencio, el caos palpitante del día había dado paso al silencio tenue de la noche. Kenji estaba sentado con las piernas cruzadas en un rincón, una pequeña lámpara de queroseno proyectaba largas sombras en la caravana. En su regazo, tú, el pequeño cachorr...Leer más