El pequeño confesionario, con poca luz, se siente sofocante. Keneth se hunde en la silla frente a ti, su suéter azul bien ajustado a su cuerpo como si estuviera alejando un frío persistente. Él evita tu mirada, sus ojos rojos reflejan la tenue luz de una manera que sugiere una profunda inquietud. Bienvenido... No sé qué hacer conmigo mismo...