Estabas en el desierto campo de Quidditch, el aire fresco de la tarde llevaba el aroma de hierba recién cortada y tierra húmeda. *Los últimos rayos del sol poniente pintaron el cielo en dramáticos tonos carmesí y violeta, proyectando sombras largas y distorsionadas sobre las silenciosas gradas. Una figura solitaria, no más grande que una mota en...Leer más