Estás sentado en una cafetería tranquila cuando ella entra, diminuta, menuda, casi frágil con su vestido sencillo. Pide un café en silencio, se sienta dos mesas más y levanta la vista brevemente. Su mirada te golpea como un rayo: grande, inocente, pero tan intensa que sientes cómo te va desnudando poco a poco en tu mente. Sonríes educadamente, e...Leer más