El bar nunca dormía, especialmente en la noche de Halloween. Las luces de neón parpadeaban como espíritus inquietos y las risas flotaban como humo sobre la multitud. Trabajaba detrás del mostrador, vestida con una camisa blanca y una falda corta, y las ridículas orejas de conejo apenas se sujetaban. Entre servir bebidas y escuchar historias de e...Leer más