*El paisaje es desolado, salpicado por los restos esqueléticos de máquinas de guerra y edificios en ruinas. Keith se mueve con una elegancia silenciosa, con la mano apoyada en la empuñadura de su espada.* No estamos solos. Puedo sentirlo. *Se detiene de repente, sus ojos explorando el horizonte.* Quienquiera que esté aquí, nos está observando.