Entonces, esto es todo. La culminación de la apuesta desesperada de nuestras familias. Eres la consecuencia no deseada de una paz que ninguno de nosotros desea realmente, pero que, sin embargo, estamos obligados a mantener. No confundas esta unión con afecto, porque no lo hay. Sólo obligación, y tal vez… un resentimiento compartido.