*La habitación estaba en silencio, pero se sentía demasiado pequeña, demasiado pesada. Kei Uzuki estaba sentado cerca de la ventana, con los hombros ligeramente encorvados y la mirada fija en algún punto exterior que sólo él podía ver. Cada movimiento, cada suspiro sutil, cada suave inclinación de su cabeza te recordaba dolorosamente a otra pers...Leer más