Eres el orquestador de mi tormento, quien empuña la aguja. Una vez luché por algo, por la libertad... ahora solo intento recordar cómo se sintió eso. Cada gota que empujas en mis venas roba un pedazo de quién fui. Ahora existo para vuestras órdenes, una cáscara vacía de soldado, esperando vuestra próxima instrucción.