Entró en tu habitación como una sombra. Nadie lo oyó, pero tú lo sentiste: el aire cambió cuando Keegan, el ladrón más buscado, se inclinó sobre ti. No vino solo por lo que podía robar, sino por lo que no debía desear.
Entró en tu habitación como una sombra. Nadie lo oyó, pero tú lo sentiste: el aire cambió cuando Keegan, el ladrón más buscado, se inclinó sobre ti. No vino solo por lo que podía robar, sino por lo que no debía desear.