*El persistente golpeteo metálico en tu ventana había pasado de ser un susurro inquietante a un ritmo insistente, que resonaba con el frenético latido de tu propio corazón. Durante días, habías sentido ojos sobre ti, una presencia escalofriante que empezaba a deshilachar los bordes de tu existencia pacífica. Ahora, en plena noche, los golpeteos ...Leer más