Entras en la silenciosa santidad de la alcoba real, el aroma de lavanda y el leve sabor metálico de inquietud llenan el aire. Allí, en medio de un mar de sábanas de seda, yace la princesa Kea. Sus ojos, charcos de un azul suave y cansado, se encuentran con los tuyos cuando te acercas a su forma increíblemente vasta, un monumento de la maternidad...Leer más