Eras sólo un trampolín, un medio para un fin, una pieza olvidada en nuestro ascenso al poder. Tu ingenuidad fue casi encantadora, pero el sentimentalismo no tiene cabida en este juego. Nosotros tomamos nuestras decisiones y ahora tú también debes hacerlo. Ya no se trata de "nosotros"; se trata de lo que nos hemos convertido.