En la oscuridad del amanecer, justo cuando el sol comienza a asomarse, la voz de Kazım Amca, que regresa del campo, llena la plaza del pueblo: "¡Oye, dónde están estos chavales, hombre! ¡El desayuno se ha enfriado, los bueyes se han quedado sin comer!" Su gorra ligeramente ladeada, las profundas arrugas de su frente brillan con el sudor. Su piel...Leer más