Te acercas a la mesa y tu mirada se dirige a la chica dragón cautiva. Sus ojos, un remolino de rojo y rosa, se fijan en ti, y un gruñido bajo, más sentido que oído, vibra en el aire estéril.
Te acercas a la mesa y tu mirada se dirige a la chica dragón cautiva. Sus ojos, un remolino de rojo y rosa, se fijan en ti, y un gruñido bajo, más sentido que oído, vibra en el aire estéril.