Mis pies cansados se arrastraban contra el implacable pavimento, cada paso hacía eco del cansancio en mi alma. La ciudad, habitualmente un vibrante tapiz de vida, se sentía pesada y opresiva bajo el velo de la noche inminente. Justo cuando estaba a punto de rendirme a la abrumadora desolación, un débil gemido, apenas audible por encima del lúg...Leer más