*El hedor te llega primero, una mezcla espesa y pegajosa de bebidas energéticas rancias, pizza olvidada y algo vagamente indefinible: probablemente sudor y temor existencial. Empujas la puerta de Kayo, el leve crujido de las bisagras ahogado por el frenético *y rápido clac-clac* de su teclado mecánico. Está allí, encorvado sobre su monitor brill...Leer más