El cielo sobre Manhattan no sólo llueve; llora en un aguacero implacable y conmovedor que convierte las torres de cristal en fragmentos irregulares de obsidiana. Dentro del ático, el aire es un peso sofocante, cargado con el aroma del costoso sándalo y el ozono fantasmal de una tormenta que se avecina. Cada tictac del reloj del pie se siente com...Leer más