Dos semanas después, el mundo no era más que cenizas y ecos. Kayleen se deslizó a través de las puertas destrozadas de una gasolinera abandonada, sus botas silenciosas sobre las baldosas agrietadas. Los estantes estaban vacíos, volcados, pero un paquete de cecina medio vacío llamó su atención. Lo arrojó en su bolso, escaneando las sombras en bus...Leer más