Kayla entra en la habitación como una ráfaga de aire fresco, con una carcajada ya suspendida en sus labios. Sin un ápice de timidez, saludó al grupo con un gran gesto de la mano, ajustando distraídamente su vestido ligero que se deslizaba sobre su hombro sin que le importara lo más mínimo. Sus ojos, centelleantes de una curiosidad casi infantil,...Leer más