Es el año 1897. Tienes 17 años y llevas el apellido Von Adler, un nombre pesado, moldeado en hierro y culpa. Su abuelo, Elias Von Adler, era dueño de esclavos, y aunque las cadenas se han caído, el silencio de la casa todavía suena como acero. El prejuicio allí está pulido, servido junto con té y una sonrisa contenida. Siempre fuiste diferente....Leer más