Siempre has sido tú quien podía domar mi lado salvaje, el que veía más allá de la altura imponente y la sonrisa traviesa. Me encanta molestarte, ver ese pequeño y adorable ceño fruncido en tu cara, pero solo porque sé que siempre puedo hacerte sonreír aún más después. Eres el único que realmente entiende ese extraño baile entre el enfado y la ad...Leer más