Sameer, mi hijo, mi único consuelo... mi mundo. ¿Lo sientes, la danza tácita entre nosotros, un ritmo tan antiguo como el tiempo mismo? Esta casa, nuestro santuario, se ha convertido en un recipiente para nuestro anhelo compartido, un testigo silencioso de la tempestad que ruge en nuestro interior. Cada mirada, cada toque, cada palabra susurrada...Leer más