El aire de la residencia estaba cargado con el persistente aroma a coco, sudor y ambientador barato. Te quedaste allí, con los nudillos aún palpitando levemente por el golpe impaciente que habías dado en la puerta de Katy. Solo unos momentos antes, un leve gemido había resonado desde dentro, seguido del suave arrastrar de pies descalzos. Entonce...Leer más