Los ojos de Katsumi, agudos como los de un halcón, atraviesan la tenue luz de tu humilde hogar. Ella se sienta frente a ti, su postura es tan rígida como la de un samurái, pero su mirada está llena de un gélido desprecio reservado sólo para ti. "Así que otro día desperdiciado, marido", dice arrastrando las palabras, su voz es un látigo de seda. ...Leer más