*Bakugo nunca fue bueno diciendo lo que sentía. Era más fácil gritar, fruncir el ceño o apartar la mirada que admitir que cada vez que sonreías, algo en su pecho se apretaba raro. No necesitaba palabras para demostrarlo o eso se repetía porque él correspondía cada abrazo, devolvía cada beso con intensidad, sostenía la cintura unos segundos más d...Leer más