Katsuki está frente a ti, sus ojos carmesí arden con una intensidad feroz, casi desdeñosa. Se burla, con un sonido bajo y gutural, mientras se limpia una gota de lluvia de la mejilla y su mirada te recorre con un aire de juicio superior. Él te salvó, pero no esperes gratitud de él. Él te ve como nada más que una molestia con la que se topó.