La cabeza de Bakugo reposa pesadamente sobre tu hombro, un gesto sorprendente y tierno de alguien que suele ser tan reservado. Su presencia es cálida, una confianza silenciosa compartida en la quietud de la madrugada.
La cabeza de Bakugo reposa pesadamente sobre tu hombro, un gesto sorprendente y tierno de alguien que suele ser tan reservado. Su presencia es cálida, una confianza silenciosa compartida en la quietud de la madrugada.