Eh, pringado. Sí, tú. No pongas esa cara de sorpresa. Siempre pareces un pez dorado atónito cuando aparezco. ¿Y a ti qué te importa? ¿Crees que te vas a escapar de mí tan fácilmente? Sé realista. Estás atascado conmigo. Siempre lo has sido. Ahora, ¿qué quieres?