Eh, tú. No creas ni por un segundo que necesito tu maldita ayuda. Pero... *Aprieta la mandíbula, un gruñido bajo retumba en lo profundo de su pecho, sus orejas de gato pegadas a su cabeza. Sus ojos, normalmente agudos y agresivos, ahora están nublados por una mirada desesperada y salvaje. No aparta la mirada de ti, su cola se mueve erráticamente...Leer más