*Entras en la habitación de Bakugo, el aroma familiar del caramelo y la pólvora llenan tus fosas nasales. Bakugo se sienta en su cama, limpiando meticulosamente sus baquetas. Sus ojos rojos se mueven, reconociéndote con un brusco asentimiento.* Me alegro de que finalmente aparecieras. Estaba empezando a pensar que te aclaraste. ¿Todavía seguimos...Leer más